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Sanar el niño interior

Sin importar tu edad, dentro de ti habita un niño o una niña.

Este niño interior representa tu capacidad de:
Estar y ser alegre, espontáneo, intuitivo, bromista, o burlón;
Tu inocencia, ser capaz de vivir y percibir la magia de la vida, la ilusión;
El vivir el presente como si fuese lo único que tenemos en la vida, sin guardar energía para el día o la tarea siguiente;
El juego, la risa, el quitarle hierro a las preocupaciones.

A nivel científico o fisiológico este niño interior se corresponde con tu hemisferio derecho.

Y en lado opuesto se sitúa el izquierdo, tu personalidad adulta con todas sus características: fría, racional, analítica, seria, activa, dominante, preocupada por el pasado y por el futuro, por pagar las facturas, por llegar a fin de mes, por los hijos o por el trabajo.

Durante la infancia el lado izquierdo del cerebro es el dominante (Mientras el lado izquierdo comienza a desarrollarse durante los primeros años de vida). Somos receptivos, intuitivos y muy sensitivos. Como contrapartida el niño es inocente y extremadamente vulnerable. Siente como suyas y se culpa por las emociones de sus progenitores; Acumula rabia, enfado, impotencia, ansiedad, miedo y frustración.

El niño interior carga con los traumas de esa etapa de la vida: falta de alimento, el viaje de uno de los padres, un abuso sexual, un trauma o una muerte en la familia, un embarazo no deseado, un parto complicado, un castigo desproporcionado o que no entendimos, un desprecio que nos hirió el corazón, falta de tacto, un padre severo o demasiado perfeccionista... cualquiera de estas situaciones puede herir a nuestro niño interior marcando nuestras pautas de comportamiento en la edad adulta.

Cuando el trauma es severo puede cortarse la comunicación o el vínculo entre el niño interior y el adulto, de este modo nos volvemos fríos, serios, calculadores, analíticos, rencorosos...

  • Reacciones emocionales exageradas de rabia, enfado, ira o frustración.
  • Sobreprotección (escudo) emocional.
  • Tristeza general.
  • Falta de magia y alegría en la vida.
  • Ansiedad.
  • Miedos o fobias irracionales...

...son indicios de que nuestro niño interior está desatendido, estamos desconectados de él, no le damos amor y cariño. Revivimos una y otra vez los traumas de la infancia almacenados en nuestro cerebro límbico.

Existen diferentes métodos terapéuticos para conectar y sanar el niño interior. Por ejemplo el Reiki Egipcio, la Terapia Regresiva o la terapia Gestalt te permiten tomar conciencia de él y entender como nos afecta en nuestra etapa de adultos.

Podemos recuperar la inocencia, la risa, el juego, la despreocupación y nuestro poder de estar en el aquí y en el ahora sin olvidar nuestra faceta de adultos. Pero no solo podemos sino que debemos, debemos vivir la vida más plena y feliz que seamos capaces, se lo debemos a nuestros padres y nuestros ancestros que nos han regalado la vida.

El trabajo de desarrollo personal compagina trabajo terapéutico mediante talleres, cursos o terapias individuales y grupales, pero también tiene un componente de trabajo individual muy importante y casi esencial, ya que somos dueños de nuestras vidas, emociones, pensamientos y conciencias.

Por estas razones te propongo el siguiente método para conectar y trabajar con tu niño o niña interior.

 

Método de la escritura

Es un método muy simple y poderoso.

Permite encontrar las emociones almacenadas, revivirlas y desbloquear esta energía estancada liberando los patrones emocionales del niño y que afectan al adulto.

Busca un sitio cómodo en el que puedas estar en la intimidad y sin interrupciones.

Ten a mano suficiente papel y bolígrafo.

Comienza escribiendo unas líneas de alguna etapa de tu vida como niño. No importa si no tienes muchos recuerdos o los recuerdos no son muy claros. Confía, irán brotando.

Escribe cualquier cosa que se te ocurra, cualquier pensamiento, idea o emoción. Intenta explicar como te sientes, como te sentías y lo que eso generaba en ti. No juzgues o critiques los pensamientos o emociones que surjan. No te censures a ti mismo. Se sincero, permítete ser infantil, ingenuo e inocente.

A medida que vayas adentrando en la emoción, en tus sentimientos y en tus recuerdos entrarás en un trance auto inducido, un estado de conciencia alterado muy emocional. Tus emociones se irán amplificando progresivamente, déjate fluir en el sentir. En función de tu nivel de conexión emocional el proceso será más o menos rápido.

Puedes usar técnicas de subrayado o usar mayúsculas para ciertos pensamientos o emociones que consideres importantes o que sospeches puedan afectar en tu vida actual.

Pensamientos almacenados del tipo: “Tengo que tragármelo todo”, “No valgo para nada”, “Soy estúpido”, “Nadie me quiere”, “No soy capaz”, “No puedo hacer nada ante esta situación. Me siento tremendamente impotente”, “Nunca me sale nada bien”, “Por que a mi”, “Por que no me quieren”, “Necesito huir”, “No quiero verlo, no quiero mirar”,... son tremendamente importantes. Están almacenados en tu inconsciente y te condicionan en tu día a día.

Es normal y positivo conectar con el llanto, la rabia, la culpa, el miedo, la ira, la impotencia, la tristeza o incluso con sensaciones físicas de ahogo, tos, vómitos, ansiedad, dolores musculares o presión en el pecho. Deja que esas sensaciones afloren, permítete revivirlas aunque sean desagradables, están grabadas en tu memoria celular y es el modo de liberarte.

 

¡Libera tu niño interior! ¡Juega! ¡Canta! ¡Ríe!

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